Sacame tu feminismo burgués de los ovarios

Ensayo sobre trabajo doméstico
y explotación
Este pequeño ensayo feroz viene a discutir formas de dominación y estructuras de poder que continúan con cimientos sólidos en medio de esta vorágine de luchas y resistencias.
Estamos en un momento social en el que somos mareas infrenables y pretendemos, a toda costa, sacudirnos de nuestros lomos el peso del patriarcado y todos los males que ha sembrado a lo largo de siglos.
Esos cimientos sólidos que lo sustentan, tienen que caer, porque vinimos a cambiarlo todo.
Lo personal es político. Lo sabemos en el movimiento de mujeres de toda la vida. Justamente esa es nuestra génesis de lucha. La raíz del feminismo.
No se puede pensar un feminismo combativo ni la lucha de las mujeres desligada de la lucha política en el sentido amplio, no necesariamente partidaria pero sí abogando por conquistas que son políticas, que tienen que ver con derechos, destinos de presupuestos estatales y demás políticas públicas. Por eso paramos, por eso marchamos.
De la misma manera que no podemos conformarnos con las desigualdades que sufrimos las mujeres cis, trans, no binarixs y otras identidades día a día en materia salarial, de oportunidades, la sobrecarga de los trabajos domésticos y de cuidados, tampoco podemos conformarnos con la desigualdad de clase y la explotación que se da hacia el interior de los hogares.
Nos llenamos la boca de frases y conceptos como que no hay juguetes de nena y juguetes de nene, no hay tareas de varones y otras de mujeres, que hay que educar(se), que hay que deconstruirse. Todo bien pero no es sólo una deconstrucción de los llamados roles de género, hay que deconstruir los roles de clase. Y más aun cuando las dos cosas están mezcladas en lo que se llama la feminización de la pobreza.
Se escucha con normalidad a las clases medias urbanas progres decir que los juguetes son tanto de niña como de niño pero en muchos de esos hogares no son ni los niños ni las niñas las que ordenan los juguetes sino la empleadA doméstica (así, con A, mujer). Así como no son los ni las que ensucian, quienes limpian. Ni adultxs ni ninxs de esos hogares son quienes ordenan la ropa, pasan el trapo ni demás tareas asociadas al trabajo doméstico.
El trabajo doméstico tercerizado es una reminiscencia de la esclavitud, una entre tantas. Pero una que ni algunas de las más feministas de esta generación piensa que sería bueno abolir. Abolir la prostitución es una discusión que se permiten todas, ahora, de abolir el trabajo doméstico que es considerado uno de los trabajos más insalubres y peores pagos, de eso ni se habla.
La prostitución puede que para muchxs no sea el mejor trabajo del mundo pero por lo menos es un trabajo independiente donde la persona fija su tarifa, tiene un sindicato activo en el movimiento de mujeres y amplios espacios conquistados desde esa lucha.
El trabajo doméstico es uno de los trabajos más insalubres y de alta explotación que existen. Tiene además la particularidad de que a las personas que lo ejercen les resulta muy difícil sindicalizarse o agruparse porque se da al interior de las casas y en soledad de pares. Si bien existe un sindicato, es muy poca la participación activa de las trabajadoras en él, entre otros motivos, por la gran incidencia de trabajo no registrado en esa área. Pero aun dentro del trabajo registrado, la sindicalización es mínima.
Con el cuento de tener a la empleada registrada y en blanco -como si eso fuera una muestra de bondad y no un derecho- la clase media (en general mujeres, porque los varones desligan completamente de las tareas de contratación e instrucción de la ayuda doméstica) justifica la explotación. Ni qué hablar que cuando ni siquiera se llega a ese estándar básico de contratación en blanco con vacaciones y aguinaldo, además de la explotación salarial es una vulneración de los derechos conquistados por la clase trabajadora en infinidad de décadas.
Coincide generalmente que en las casas donde el trabajo no registrado es la regla, es el lugar donde más patente es el apartheid y el maltrato sistemático a estas mujeres que son quienes cocinan, limpian y cuidan a lxs hijxs de quienes quieren y pueden pagarlo.
Pero más allá de los maltratos a los que estamos habituadxs hoy quiero hablar de las otras, de las copadas buena onda. Y hablo en femenino porque insisto, los varones en general no pintan en esto.
Bueno, sí pintan, aunque sea por omisión, una omisión que las mujeres de parejas heterosexuales permiten y apañan, porque en algún sentido debe ser más fácil mantener a otra mujer con un salario bajo que exigir que el varón se haga cargo de la parte que le toca en la limpieza de la casa y en los cuidados de lxs hijxs.
Quiero saber cuántas de las que andamos con pañuelos verdes por las calles hemos decidido no entrarle al juego capitalista y meritocrático de creer que por tener estudios o capacidad de salarios más altos, tenemos derecho a pagar miserias a otra mujer para que haga el trabajo que nosotras no queremos hacer.
¿Por qué el trabajo de una médica, psicóloga, abogada, o quien sea, vale más que el trabajo doméstico?
Por qué se acepta con tanta liviandad un discurso como el que dice yo trabajo todo el día, no quiero llegar a casa y encima tener que limpiar. La persona que limpia la casa de quien habla así también trabaja todo el día limpiando casas ajenas y cuando vuelve a la noche tiene que limpiar la propia. Seguro tampoco tiene ganas pero como es el último eslabón en la cadena de posibilidades, ya no le queda resto para la explotación de otra mano de obra.
En principio discuto que, justamente como limpiar es una de las tareas menos gratas, debería ser una de las mejor remuneradas.
Como además se considera trabajo insalubre, más aun, y con menos carga horaria.
Se cree erróneamente que las personas que trabajan en limpieza lo hacen porque no estudiaron o no tienen suficiente preparación académica para acceder a trabajos con mejores salarios. Y puede ser que así sea pero no lo es por obra de la naturaleza o porque sea una ley inalterable, lo es por una convención social injusta de estructuras de poder y privilegios construidas socialmente.
Porque lo que se evalúa a la hora de contratar a alguien para dicha tarea no es su capacidad para el análisis sintáctico ni su habilidad con teoremas, lo que se contrata es una fuerza de trabajo capaz de dejar una casa limpia, la comida rica y un cuidado de lxs niñxs satisfactorio. Para lo cual, generalmente, quienes se dedican a ello, tienen añares de experiencia y debería considerarse un trabajo tan profesional o de oficio como cualquier otro. Porque si alguien para ser sociólogx, psicólogx, médicx, estudia unos seis años en la facultad y con eso ya tienen un título que lx habilita a ejercer, qué decir de estas mujeres, que en su mayoría, tienen un bagaje cultural de limpieza y cuidado muchas veces de años y otras de hasta varias generaciones. Si el título universitario es lo que está en juego, les cuento que varixs de lxs periodistas, comunicadorxs y demás referentes que andan por la vida, tampoco lo tienen.
Lo que hay es una categorización menospreciativa del trabajo doméstico, justamente por la feminización de éste y una desvalorización de las personas que lo ejercen por una visión estratificada de clase.
Quien niegue esto, está ciegx.
Creo que es momento de revisar esta postura dentro de los feminismos que nos tocan habitar.
Porque sí, porque crecemos en la lucha. Porque lo que hasta hace un momento estaba naturalizado ahora hay que discutirlo.
Bueno, este es el momento de hablar de esto.
Hay mil formas de organización posible hacia el interior de los hogares. El feminismo vino a cambiarlo todo, esto también.
Una de las primeras divisiones del trabajo fue a partir de los sexos. La división y jerarquización del trabajo es el fundamento de la acumulación, y por supuesto, de las clases, las clases son el fundamento del capitalismo. El capitalismo y el patriarcado, el yugo que nos queremos sacar de encima. ¿O no?
El patriarcado y el capitalismo se producen y reproducen hacia el interior de los hogares. No es afuera la lucha solamente. Cuando gritamos que las calles son nuestras, tenemos que saber que también nuestras casas son nuestras.
Si hablamos de no criar machitos ni princesas, también tenemos que hablar de no criar explotadorxs y eplotadxs.
Si pensamos en una sociedad más justa y hablamos del buen vivir, tenemos que hacernos cargo de que nuestras decisiones abonan y crean realidades.
Como dije antes, el trabajo doméstico es uno de los peores pagos, lo cual es lógico si tenemos en cuenta que quienes lo consumen, en su inmensa mayoría, son personas con salarios profesionales medios. (Claro que lxs ricos también consumen trabajo doméstico y de la peor forma, pero este escrito está destinado a las feministas de clase media y a repensar las formas actuales de explotación entre las personas con cierta conciencia social).
Si la hora laboral de una persona llamada profesional es de 10 después necesita, por la lógica a la que estamos habituadxs, pagar por un trabajo que se considera socialmente de menos valor 5. El otro 5 es el plusvalor del que disfruta.
Es decir que tiene la casa limpia, la comida hecha, lxs niñxs cuidados y 5 para tomarse un vinito al final de la jornada.
La persona que ganó el 5 solamente, tiene limpiarse la casa después de haber limpiado otras durante el día, cocinar y ver qué hace con lxs propixs niñxs, y tal vez le dé para una birrita del chino pero lo más posible es que no, porque además al otro día arranca mínimo una hora y media antes que la casa que va a limpiar porque vive en la loma del orto y viaja como el culo.
“Las ricas abortan, las pobres mueren”. Sí, está bien. Pero esa no es toda la historia.
Las ricas abortan, además explotan pobres. Las pobres mueren en abortos clandestinos, pero mientras viven tampoco es que la pasan tan bien. Me parece que no es solo la muerte de las pobres lo que tenemos que discutir sino la vida de las empobrecidas.
No hay pobres, hay personas empobrecidas por la explotación, generación de la riqueza de unxs y de la pobreza de otrxs.
Hay miles de maneras de organización de las tareas domésticas que pueden sostenerse entre lxs integrantes de las familias. Si se desborda las posibilidades y se hace necesaria la contratación de unx trabajadorx debería hacerse con salarios iguales a lxs del resto de lxs profesionales.
Pero sobre todo, sería realmente imprescindible la autogestión dentro de los hogares. ¿Cómo puede ser que lxs niñxs se eduquen y lxs adultxs vivan pensando que pueden dejar todo desordenado o los platos sucios porque detrás vendrá alguien a limpiar y a ordenar? Hay a algo nivel conceptual que está muy mal.
Si queremos luchar contra el patriarcado y vencer, tenemos que atacar holísticamente, dejar de fragmentar problemáticas. Tenemos que cuestionar y tirar abajo los privilegios de los machos pero también los privilegios de clase.
Cuando hablamos de las formas de vida del capitalismo no podemos dejar de ver las dos puntas de la cadena: producción y consumo. Explotación en la producción y consumo-consumismo en el final.
Las problemáticas son multifacéticas, multicausales, y las soluciones o ensayos de soluciones, también lo son.
Quiero acá plantear esta problemática, quiero que quede claro que hay una problemática que el feminismo tiene que tratar. Pero también quiero ensayar soluciones, plantear alternativas.
Hay que repensar todo, repensar la maternidad ¿para qué se tienen hijxs? ¿Por qué? ¿Qué se busca en eso? ¿Para qué una persona tiene pareja, novix, compañerx?
No hay necesidad de nada de eso (vuelvo a aclarar, este texto está dirigido a las clases medias urbanas donde sí existe una clara posibilidad de elegir).
Bueno, si no es obligatorio, si es una elección, una decisión, entonces ¿qué pasa? ¿Por qué se tienen hijxs para que lxs cuide otra persona que no sean lxs xadres? ¿Para que lxs xadres lxs vean a la noche y salgan a pasear los fines de semana en coche? Es otra la persona que lxs alimenta, lxs cuida, y de última, también lxs educa.
¿Para qué?
“La maternidad será elegida/deseada o no será”, buenísimo, pero si es elegida, deseada y demás, al igual que la paternidad, entonces también debería ser ejercida.
Se ve en las películas estadounidenses de época que en el parto de las mujeres acaudaladas del sur, apenas nace el niñx, se lx dan a la ama para que lo crie. Bueno, acá esperan un par de meses y sigue pasando lo mismo.
Todo esto en pos del trabajo de lxs xadres que en realidad trabajan para pagar todo eso. Trabajan a destajo por el mismo motivo que el capitalismo se sustenta: producción de explotación y consumo-consumista.
Si con trabajos medios de lxs xadres se puede sostener un hogar y pagarle (poco pero pagarle) a una mujer que cuide y limpie, quiere decir que a lo mejor trabajando menos y organizándose mejor, se puede cuidar, limpiar y vivir.
Si no estamos dispuestxs a no tener el último modelo de teléfono ni de auto, ni vivir en la lógica de consumo-consumismo impuesta por el capitalismo, entonces por lo menos dejemos la hipocresía de despotricar contra los privilegios.
Muchas de las familias que consumen trabajo doméstico son las mismas que han gastado sus ahorros e invertido incontable tiempo y demás recursos en fertilizaciones asistidas. Una vez que el/la niñx nace, comienza el círculo de tercerización.
Es como si todo se resumiera al tener. Tener unx hijx, tener un coche, tener un perro, tener una casa, tener alguien que se ocupe de todo eso, una mujer, claro.
Y esto no tiene que ver con la cuna sino con las decisiones de vida que se toman. No importa cuán clase media eran lxs propixs xadres.
No es una cuestión del lugar del que unx viene sino el lugar que se quiere habitar, dentro de los hogares y en el feminismo.
Ojo, porque la libertad que nos venden de poder trabajar, ascender en la carrera, juntarse a cenar con amigxs, tener tiempo para nosotrxs mismxs, ir al gimnasio, y demás cuestiones, más que derechos son mandatos y muy funcionales al capitalismo urbano de las metrópolis. Y es justamente para eso para lo cual parece inevitable tercerizar las tareas de limpieza y cuidados.
Creo que hay por lo menos dos cuestiones imprescindibles a discutir y resolver en este momento en relación a lo planteado. Una es la xaternidad deseada y responsable. Imposible de pensar a nivel universal sin Educación Sexual Integral y sin Aborto Legal Seguro y Gratuito. De todas formas, sí es posible pensarlo ahora mismo para las clases medias urbanas que cuentan con recursos monetarios y culturales para hacerle frente a una modificación en su manera de pensar la familia y sus roles dentro de ella. Y sobre todo, porque este texto trata sobre trabajo doméstico tercerizado, y son quienes lo consumen.
Hablamos de roles de género y hablamos de roles de clase.
Decimos que tanto varones como mujeres, disidencias, no binarixs, etc. pueden jugar con los juguetes que quieran, pueden vestirse como se les dé la gana, pueden ir a las reuniones de xadres del colegio, saber cada cuántas horas el niñx tiene que tomar el remedio, pueden pedir turnos médicos, pueden llevarlxs al médico, pueden llevarlxs a la plaza…
Entonces también tanto psicólogxs, como médicxs, abogadxs, bancarixs, trabajadorxs sociales, cajerxs de supermercado, conductorxs de colectivos, ingenierxs, especialistas en sistemas y demás profesionales o no, pueden limpiar el baño, barrer la casa, alimentar niñxs, cocinar, dejar la cocina limpia después de cocinar.
Porque considerar que tal o cual tarea es de hombre o de mujer es discriminatorio; considerar que tal o cual tarea es para determinada clase social, procedencia, nivel educativo o color de piel, también lo es (por decirlo suavemente).
Decidir social y arbitrariamente que un trabajo para el que se estudió entre tres y seis años vale más que el que ejerce una mujer generalmente desde la infancia -es decir que tiene un bagaje de conocimientos acumulados que supera al de muchxs- es ampliamente más que discriminatorio (por decirlo suavemente, otra vez).
Si aspiramos al buen vivir, no hay manera de que eludamos este tema. Hay que resolverlo y es ahora.
La lógica sería inversa. Si el trabajo de limpieza y cuidados es el menos agradable, entonces tendría que estar entre los mejores pagos. Vale decir que un profesional en lugar de pagar la mitad (por poner una cifra arbitraria) de sus ingresos/hora a la persona (mujer) encargada de hacerlo, debería trabajar dos horas para pagar una de esa tarea.
No es una locura. Es lo que se paga habitualmente los trabajos que sí consideramos que valen socialmente. Se ahorra para comprar una tele, una joya, un auto, pagarse un spa, las vacaciones, a veces hasta la coloración en la peluquería, unx arquitectx para las reformas del hogar, el fotógrafx de la fiesta de 15. Porque hay cosas que aparentemente se justifican pagar cada tanto, aunque cueste más.
Sólo de esa manera se va a desfeminizar el trabajo doméstico -tanto el remunerado como el que no lo es- y a desestigmatizar a la trabajadora que lo ejerce.
Porque -y hasta ahora no hablé nada de las trabajadoras- en su gran mayoría ven como máximo horizonte de posibilidad el jubilarse en esa misma tarea, aunque muchas de ellas estén aun hoy sin aportes.
Son muy pocas las que consideran que podrían tener acceso y derecho a cambiar de trabajo y posibilidades reales de hacerlo, o que su trabajo esté mejor remunerado.
En su gran mayoría han creído el cantito que se les ha repetido desde la infancia que en pocas palabras se reduce a que merecen ese trabajo, que no tienen formación para otra cosa y prácticamente, como me dijo una mujer una vez que le decían sus padres nacimos para servir.
Bueno, nadie nació para servir ni para ninguna otra cosa. Todxs nacimos para lo que se nos dé la gana hacer con nuestras vidas. Si no estudiaron fue porque no había escuela cerca (responsabilidad del Estado) o porque tuvieron que trabajar desde muy chicas para colaborar con la economía del hogar (responsabilidad del Estado otra vez) o porque lxs xadres no podían criarla por falta de recursos materiales entonces la mandaron a trabajar cama adentro a alguna casa con la condición de que la alimenten (responsabilidad del Estado, una vez más).
Es decir, cargan sobre sus cuerpas la desidia de Estados ausentes -tratando de pensar bondadosamente-; o siendo realistas, de Estados generadores de pobreza y sujetas de explotación, desde su conformación original. Porque sabemos que los Estados en el capitalismo son los generadores de la desigualdad necesaria para que se sustenten los privilegios.
Y por otro lado, si sí estudiaron y no consiguen trabajos mejor remunerados es por su color de piel o por el lugar donde viven. En suma, el estigma que cargan en una sociedad de mierda, capitalista, racista y patriarcal, que tiene que cambiar.
¿Somos nosotras las que vinimos a cambiarlo todo? Bueno, hagámonos cargo. Esto también hay que cambiarlo. No podemos salir a marchar ni salir con nuestro pañuelito verde si tenemos a otras mujeres en nuestras casas en condiciones de explotación, sosteniendo con sus cuerpas nuestros privilegios.
Hagámonos cargo, esta es nuestra revolución.
Este artículo está publicado en papel y se puede conseguir en Ediciones Frenéticos Danzantes
Autora: Marina Klein
Soy autora de los libros “De Fauces al Subsuelo”, “Danzando entre la Nada y la Furia” y “Trashumantes”, y de las plaquettes “La vida secreta de quien come en la cocina”, “SEAMOS Libres que lo demás no importa nada”, “¿Te gustó coger?”, “Georgina Orellano Puta Feminista”y “Donde los muros eran de niebla” editados por Ediciones Frenéticos Danzantes. También dirijo la Revista Extrañas Noches y la editorial recién mencionada.
Nací en Buenos Aires en el 74, viví en esta ciudad hasta más o menos los 20 años y desde ahí hasta el 2012 anduve por el mundo viajando y quedándome largos períodos en distintos lugares de América Latina. En ese tiempo realicé un tour por distintos oficios, escribí para varios medios crónicas de viaje, tuve un programa de radio, limpié casas, hice gorritos de hilo y hasta llegué a tener una pequeña fábrica de joyería artesanal.
Cuando volví hice la carrera de sociología, donde además de aprender, una vez más me di cuenta que la academia no es lo mío.
Todos los libros se pueden descargar de forma gratuita en
Facebook: Marina Klein