Un par de Historias del Fin del Mundo
Historias del Fin del Mundo. Parte VI.
Estaba claro que el tipo que iba a tirar era el que llevaba la riñonera de frente con una leve caída sobre los huevos.
Lo vi (no me lo contaron) sacar un caño con las dos manos.
Macizo, torneado, con detalles y vivos blancos.
Al toque entró a tirar para todos lados, parado en la intersección de Darwin e Hidalgo.
Tiraba sacado, anteojos.
De una casa a treinta metros asomó canoso, remera blanca arrugada, cara de mutante, un toque despeinado y a media asta.
-¡Viejo! Los chicos duermen...dale.
Comprendió al instante y levantó temerosa la mano derecha.
-Perdón, señor. Mil disculpas...no fue mi intención...
Fastidioso cerró la ventana y el pasante se hizo escuchar.
Solo nuevamente en la esquina con el rrofie en las dos manos. Con vergüenza lo metió en la riñonera y enfiló para el bajo.
Los chicos duermen.
Pateá contra otra chapa, hermano.
Historias del Fin del Mundo. Parte IX.
-Bueno ahí te preparé el estadio, Chelo.
-¿Las cartas están buenas?
-Está todo bueno menos los porotos...
Llegan por atrás de la barra (donde hay una puerta que a duras penas se abre) y por la vaivén, que genera una expectativa de la san puta minuto a minuto.
¿Quién aparecerá?
Camisa caribeña se lleva todas las gastadas. Qué querés....¿en mundo pulóver te venís a hacer el innovador? Tarantino lo hizo; aquí y ahora.
Es de él.
El Dinamarqués se arremanga el polar. Tiene la cara roja como rodilla gastada. Roja en la piel blanca y las canas brillantes.
Ya son unos veinte que religiosamente discuten juegos de cartas, café, birra, whisky, grapa mediante.
El irrespetuoso era yo por osar sentarme en una mesa contigua a la de Bocha. Bocha llegó después, entró por atrás de la barra y cuando la cruzó el silencio fue conmovedoramente respetuoso.
Acá está el campeón.
Respeto.
El Bocha silba mientras los muchachos debaten un tute a los gritos. Silba porque le chupan un huevo.
Se la van a venir a contar al Bocha.
-Me llamó la atención un viejito que tomaba café mirando la ventana. Cuando entró el bullicio bajó de golpe. Un tal Bocha. ¿Puede ser?
-Múltiple campeón del Club como técnico. Se cansó de sacar a jugadores. Acá, es una eminencia. La cosa no cambia mucho, hay historias en historias y así constantemente.
Contarlo desluce el cuadro.
Es un foco de lleno en el lienzo.
Se paran, intercambian, van, vienen, recuerdan anécdotas, alguno grita algo, ríen, gastan, verduguean. El crudo queso con vista a este despliegue hermoso vale más que cualquier Monet. Por si fuera poco, ahora Bocha silba desde atrás de la barra, allá, a lo lejos. Pa’ que bailen los muchachos, via’ tocarte bandoneón.
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Autor: Ezequiel Perin
Mi nombre es Ezequiel, nací y me crié en la Villa Jardín (San Fernando).
Estudié periodismo en TEA y locución en ETER.
Nunca había publicado ningún relato y actualmente lo hago a modo terapéutico.
Cada cosa que escribo la subo a instagram y facebook. Uso esas redes solamente para eso. No tienen otro fin.
Para que quede un registro de lo que se me viene a la bocha.
Cada tanto, unos amigos que tienen un programa de radio en San Martín suelen publicar algún relato en su página (cosa que me parece demasiado). http://www.elnidodelcuco.com.ar/
Terminé un libro de relatos y actualmente estoy laburando una novela.
La mayoría de las cosas que escribo tienen como disparador hechos reales que se tergiversan. Situaciones de bohemia, de gira, de anda por ahí.